Todas las familias con niños conviven a diario con el miedo infantil: a la oscuridad, a los desconocidos, a médicos… Sin embargo, las familias de acogida (como las adoptivas) debemos aprender a conocer otros miedos y otras reacciones ante ellos.

Un niño con problemas emocionales severos por un Trastorno del Vínculo como suele ser el caso de los niños que acogemos en nuestra casa, no suele manifestar miedo con llantos o tirándose a tus piernas fuertemente. Un niño de acogida suele mostrar síntomas de conducta disruptiva en cuanto se acerca la hora de enfrentarse a su miedo: hora de dormir, del colegio, del recreo, del médico, del psicólogo… Suelen convertirse en los momentos del día más difíciles para nosotros pues no acabamos de entender qué le pasa ahora. ¿Qué tendrá, si ha estado muy tranquilo todo el día? ¿Y ahora qué le pasa? Si soléis haceros estas preguntas deberíais estar atentos y anotar todo lo que rodee esa situación: momento del día/noche en que se altera, con quién está, si le dijimos algo o no, si ha habido algún cambio antes o lo habrá al día siguiente, cualquier visita no frecuente que se haya recibido o que esté por recibir… Cualquier cosa que, al día siguiente, y fuera ya de la situación de espiral emocional que vivís en ese momento de miedo, os pueda ayudar a entender qué pudo pasar.

Según algunos estudios, una de las variables que determina el grado de miedo infantil han sido los patrones familiares. Se sabe que los padres con más tendencia a ser miedosos y/o con trastornos de ansiedad, suelen tener hijos con miedos en mayor proporción. Esto se debe al modelado: una madre puede “modelar” los miedos de sus hijos en función de las emociones que manifieste, o que el hijo perciba.

Otra variable que potencia el miedo es el lenguaje negativo asociado a la capacidad de convicción y apego de quién habla. Por ejemplo, si un padre suele decir que “los policías son mala gente”, un hijo acabará creyéndolo y temiendo a los policías.  Por eso es importante medir nuestras palabras cuando estamos antes ellos, no debemos infundir temores, mucho menos en las situaciones personales que viven algunos menores. Y esto nos lleva a otra variable que explica el miedo, el aprendizaje directo. Los niños en situación de desamparo han vivido situaciones de estrés máximo que les han enseñado a vivir siempre en alerta, nunca se sabe; muchos de ellos nunca habrían imaginado vivir lo que han vivido, pero sucedió. Ante esto, activan los mecanismos cerebrales que responden con conductas ansiosas.

Finalmente apuntar como posible generador de miedos en niños, otras experiencias vitales desagradables o traumáticas, como malos tratos, peleas o situaciones que les impacten emocionalmente. En el peor de los casos, estos miedos pueden derivar en trastornos clínicos como fobias específicas, ansiedad generalizada o estrés post-traumático. Si en el colectivo infantil es una causa “poco probable”, en el colectivo de niños en situación de abandono o desamparo, se convierte en la causa per se.

Una vez detectemos el motivo de su mala conducta, o séase, a qué teme, podremos ayudarle a enfrentarse a él, a superarlo y gestionar las emociones del mejor modo posible. Y una buena manera de ayudarle es a través de la expresión artística: música, dibujo…

Lo ideal sería enseñarle cómo el Arte puede ayudarle a estar más tranquilo, relajado… La Arteterapia es una disciplina que combina el arte y la psicología como un medio que facilita la introspección, el autoconocimiento, la expresión, la socialización, la autoestima y la identidad.

En el momento que notemos que aparecen signos de miedo, podemos pedirle que nos haga un dibujo de lo que le está pasando, de cómo se siente, de cómo lo vive… Pero también podemos pedírselo al día siguiente de una noche de pesadillas o de un mal día en el cole. Nos mostrará más detalles que si queremos que nos explique qué pasó realmente. En el mercado existen blocs de dibujo que podrían venirnos muy bien para esta tarea, pues se acaban convirtiendo en una especie de Diarios Emocionales excelentes. También hay blocs especiales para estos dibujos, interesantes para niños más pequeños, como el que nos ofrecen en la Caja Edukabox.

Nuestro papel se convierte en acompañantes, en espectadores privilegiados de sus temores más íntimos. Le invitamos a que dibuje aquello que le da miedo, sin que importe cómo quede, sin juzgar, sin desanimar… todo lo contrario, lo importante es que exprese aquello que le está alterando, que use los colores que desee, las formas que elija… Él debe elegir qué dibujar y cómo hacerlo. Todo vale para conseguir que lo exprese.

Una vez que ha dibujado sus miedos podemos hablar con él, alentarle a seguir intentando ganarle, podemos decirle que ese miedo salió de él y ya no debería estar ahí, que podemos arrugarlo, romperlo, pisotearlo, quemarlo… o guardarlo, él decide qué hacer con su miedo. Dependerá de la edad y el grado de ansiedad que le produzca el miedo, pero debemos dejar que él decida cómo seguir.

También pueden servirnos muñecos, como los famosos y reconocidos Bluff, o las técnicas de relajación infantil, el yogael Reiki … Lo importante es que aprendan a expresar y gestionar el miedo.

Comment