Nuestro día a día...

 

La luna de miel

La característica principal de esta fase es que la menor aparentemente está totalmente adaptada, los acogedores se relajan y empiezan a pensar que es todo muy sencillo y que es mucho más fácil de lo que pensaban. La adaptación no es una adaptación real viene dada por la necesidad de los menores de sentirse aceptados y queridos.

Las muestras afectivas que el menor realiza ante los acogedores en esta fase son constantes, para poder corroborar que es querido y aceptado por los acogedores.

El niño en esta fase busca un marco de referencia pero sin asumir plenamente las normas, hasta que el menor no se sienta plenamente seguro no asumirá las normas, dicha seguridad puede aparecer por muchas situaciones, ya sea por el paso del tiempo o diferentes situaciones vividas dentro de la familia acogedora.

Texto extraído de Jornada sobre Acogimiento de la Universitat Jaume I, de Valencia.

 

La Tormenta

Es una de las fases más largas y que se necesita muchos esfuerzos por parte de todos a la hora tanto de superarlas como de saber llevarla. Suele durar años, la más larga dentro del proceso de acogimiento. En esta fase es muy importante recordarle al menor que se le quiere, ya que el menor en esta fase pondrá a prueba constantemente a su familia, por tanto pondrá a los padres en situaciones límites, a puntos muy extremos, para probar su amor incondicional. Los cambios que se dan en esta fase son señal de progreso, aunque puede parecer curioso los cambios a peor indican que el menor está seguro y se muestra tal como es. Por tanto a parecerán transferencias emocionales de la vida pasada, conocerlas ayudara a entender mejor al menor. Por todo ello el menor empieza a tener conductas no muy adecuadas tanto en el ámbito escolar como en casa, esto se debe a los aprendizajes vividos en la infancia. Tiene cambios de humor y de comportamiento, puede estar muy acaramelado con los miembros de la familia y a los minutos cambiar bruscamente. Aparecen conductas ansiosas, conducta que se da a causa de la ansiedad que el menor sufre ante toda la situación y es una forma de descargarse. Ante toda esta situación los acogedores se sienten frustrados y piensan que el menor les está tomando el pelo y que están perdiendo el tiempo. Lo que hay que explicarles es que estas conductas don transferencias de la vida pasada y no van dirigidas a los acogedores. En esta fase es fundamental crear un marco seguro y afectivo que permita elaborar su pasado y empezar de nuevo, cuando esto ocurra empezara la fase de adaptación.

Texto extraído de Jornada sobre Acogimiento de la Universitat Jaume I, de Valencia.

 

La Adaptación

Es la última y una de las más bonitas fases del acogimiento, en esta fase el menor se dispone una vez elaborado su pasado y se dispondrá a construir su futuro. Es en esta fase donde el menor ya es capaz de construir nuevas relaciones, unas relaciones mucho más maduras y que perduraran en el tiempo.

A parecerán en esta fase comportamientos a una infancia más temprana que la suya, esto indica que el menor quiere comenzar desde el principio. Ofreciéndole esta oportunidad, podrá recuperar todo lo que le faltó hasta ese momento y podrán satisfacer estas necesidades que no pudo anteriormente. Estas necesidades no propias de su edad, no se manifiestan en todas las áreas del niño/a. Es decir los modos inmaduros e infantiles no se despliegan en todas las facetas de la vida del menor. Con el tiempo va remitiendo este comportamiento, y se va alternando con comportamientos propios de la edad.

Una vez superados los comportamientos de una edad más temprana, se observara en esta fase que el niño progresa positivamente ante diversos ámbitos de su vida, una vez asumido su pasado el menor es capaz de aprender normas y valores, y de funcionar tanto en el ámbito académico, familiar y social.

Texto extraído de Jornada sobre Acogimiento de la Universitat Jaume I, de Valencia.